Diseño de José Luis Muñoz Arquitectura

El Centro de Interpretación Almazara La Erilla tiene la suerte de contar con fabulosos profesionales. Este mes hemos lanzado La Erilla Podcast (ya disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcasts) y hemos tenido la oportunidad de entrevistar al ilustre arquitecto José Luis Muñoz que ha diseñado la renovación de nuestro monumento oleícola. A continuación, les presentamos la transcripción completa del episodio en el que nuestro invitado nos cuenta sobre los desafíos del teletrabajo en plena pandemia, de su tiempo en Granada y del proyecto de La Erilla.

Marta: Buenas noches, les damos la bienvenida a La Erilla Podcast. Hemos escuchado de fondo el tema Semilla de otoño de la pianista y compositora María Parra, una auténtica alquimista del piano que brilla con luz propia reflejando destellos de Debussy, hoy para La Erilla.

Los versos recitados por el productor de nuestro podcast Javier de Noriega Arquer son fragmento del poema Arbolé, arbolé de Federico García Lorca.

Yo soy Marta, su anfitriona, tendré el enorme placer de presentarles de primera mano el día a día del Centro de Interpretación Almazara La Erilla de Nigüelas. Entrevistaré a personas expertas en sus respectivas materias para que podamos conocer su trayectoria, sueños, reflexiones y, cómo no, vínculos con el mundo del aceite de oliva, La Erilla, o Granada.

Hoy estrenamos nuestro primer episodio y lo hacemos con una entrevista a José Luis Muñoz, el arquitecto responsable de las obras de rehabilitación y conservación de La Erilla. José Luis dirige su propio estudio desde el año 2004 realizando sus proyectos en distintos rincones de Andalucía y España. Le encanta la dimensión social de su profesión que compagina con la investigación.

Ha obtenido varios premios incluidos el de la Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo o el de la plataforma neoyorquina Architizer. Aquí me tienen que perdonar no enumerar todos sus galardones, ya que tardaría un buen, buen rato en hacerlo. Su obra, además, ha sido publicada y difundida en numerosas revistas y plataformas digitales de divulgación nacional e internacional de la arquitectura, como Márgenes, Periódico de Arquitectura, White in Design, Afasia o Archdaily.

En este episodio que tuve la ocasión de grabar con él, José Luis nos contará: cómo la pandemia ha afectado el sector de la construcción y de la arquitectura, qué tiene que ver Julio Cortázar con su visión urbanística de Granada, y porqué el antiguo mecanismo de La Erilla es tan único. Pónganse cómodos y disfruten de esta entrevista.

Marta: Buenos días, José Luis, encantada de tenerte aquí, en La Erilla Podcast, además, como nuestro primer invitado.

José Luis: Buenos días, muchas gracias por invitarme, la verdad es que estoy muy agradecido de que contéis conmigo para este primer encuentro y este primer programa del podcast de La Erilla.

M: Gracias por estas palabras. Ya que grabamos a distancia, nos podrías contar cómo lo llevas, ¿han afectado los confinamientos a tu trabajo? ¿has pasado más tiempo en casa que en el estudio?

JL: Sí, evidentemente, el confinamiento ha afectado bastante a la profesión en el sentido de que los procesos dentro del desarrollo de los proyectos y de las obras se complican. Ya de por sí, la arquitectura es un proceso complejo. Si además se introduce este componente de distanciamiento y de complicación en la comunicación, todos esos procesos se ven afectados. Eso se refiere a lo que es la operatividad propia de la arquitectura, pero después, a nivel profesional, también ha habido una reducción del trabajo. A mí no me ha afectado del todo, ya que tenía obras que habían empezado y proyectos en marcha. 

Lo único que me ha afectado precisamente a mí en la profesión ha sido la ralentización de todos los procesos. Tengo compañeros y experiencia cercana de muchos proyectos que se han paralizado completamente en espera de tiempos mejores. Yo creo que esta situación de pandemia afecta a todos los aspectos de la sociedad a nivel profesional y a nivel personal. La arquitectura como parte de ella también se ve bastante afectada.

M: Y ¿cómo te has adaptado? A nivel, por ejemplo, de trabajo desde casa, ¿cómo es de diferente comparando con trabajar desde un estudio?

JL: La adaptación ha sido relativamente buena. Como sabéis, todas las profesiones se integran ya en procesos de comunicación digital. La pandemia lo que ha hecho es acelerar un poco esos procedimientos. Al final es una cuestión de adaptación: de adaptación con tu equipo y adaptación con los otros agentes que intervienen en los proyectos y en la obra. Al principio es bastante complicado o laborioso, pero a través de las plataformas digitales, las redes sociales y los mecanismos que tenemos para la comunicación, los proyectos van tirando hacia delante. 

M: Y ¿cuál ha sido la clave para ti en esa adaptación? ¿Algunas herramientas que te han ayudado más que otras?

JL: La clave ha sido sobre todo la tecnología: tecnología digital y de comunicación. Al principio todo era a base de los medios más convencionales o más directos, pero poco a poco se va implementando nuevos software. Estos permiten, por ejemplo, la planificación de los proyectos, que estos se desarrollen de forma digital y que los cambios sean inmediatos y simultáneos a varios agentes. En nuestro estudio, ya estamos trabajando con un sistema de planificación smart, donde cada paso que se hace en el proyecto se constata en una plataforma a la que todos los agentes del proyecto tienen el acceso.

El futuro se ha adelantado antes del tiempo, porque antes de la pandemia ya llevábamos un poco encaminados a esa operatividad. Todavía estamos en período de aprendizaje, pero yo creo que cuando termine esta situación, vamos a continuar como cuando estábamos en pandemia. La tecnología juega un papel a favor de que todos los procesos sean más rápidos. Eso en el sentido positivo de cómo ver la influencia de la tecnología en la sociedad. Después tiene otro, eso sería ya otro debate que sería un poco más perverso. Pero en este sentido, a nivel profesional, es positivo que la tecnología nos ayude a que la comunicación y los procesos se hagan más fáciles y rápidos.

M: Sí, y me encanta que lo resumas así. ¿Cómo de importante es la comunicación en arquitectura?

JL: La comunicación en la arquitectura es súper importante. ¿Por qué? Porque la arquitectura es un proceso bastante complejo en el que intervienen muchos factores y cada uno de esos factores están representados por personas. Desde el propio cliente, hasta —cuando hablamos de un lugar— ese lugar está habitado por otros ciudadanos a los que les va a afectar la arquitectura o ese lugar en el que se interviene. Después están los agentes que vienen de la administración pública y que tienen que dar el visto bueno urbanísticamente. También están los propios constructores, el equipo que forma parte del proyecto y la dirección de obra. 

La arquitectura no es solamente el producto de la creatividad del arquitecto; la arquitectura tiene que dar servicio a una sociedad y a unos clientes, al mismo tiempo que tiene que cumplir una serie de normativas urbanísticas. Aunque el arquitecto sea una de las piezas clave, todo va bien y termina siendo beneficioso para todos los aspectos en los que influye la arquitectura, cuando la comunicación con el resto de personas que confluyen en este proceso de construcción o arquitectónico es fluida y buena. El cliente está contento e informado de todo el proceso y de todas las modificaciones y actualizaciones que se hacen del proyecto, puesto que el proyecto es algo que está vivo y no termina cuando empieza la obra. Se va transformando a medida que se va construyendo. Diría que cuando termina la obra también sigue estando vivo, porque la arquitectura está dentro de un entorno, de una situación particular dentro de un lugar donde está afectado por la vivencia de ciudadanos. Cuando la comunicación desde el principio es fluida y dinámica y cuando todos tienen información de lo que va pasando a lo largo del proyecto y de la obra, es mucho más beneficioso para que el resultado sea más conveniente.

M: Y ahora, José Luis, volviendo a tus orígenes, ¿qué te llevó a estudiar y ejercer arquitectura?

JL: Si te digo la verdad, debido un poco a la educación que he recibido desde muy pequeño por parte de mi padre que es aparejador. Él me fue inculcando el interés por la arquitectura y por la construcción que ha sido casi mi mayor influencia. Pero después, cuando fui desarrollándome como persona más consciente de la situación en la que estaba viviendo, había una serie de inquietudes que tenía, como pueden ser inquietudes artísticas y creativas, pero al mismo tiempo técnicas y a su vez también sociales. Entonces vi que la arquitectura era esta disciplina que lo aglutinaba todo y que a través del desarrollo arquitectónico podría dar satisfacción a esas inquietudes artísticas y creativas, al mismo tiempo que mejorar la vida de las personas, o sea satisfacer esas inquietudes sociales y políticas que también me llenaban y motivaban. 

M: Ya que comentas esas inquietudes, ¿cuál es la parte más bella de tu profesión?

JL: [Se ríe] ¿La parte más bella? Mmm… Es cuando después de un esfuerzo y de una energía que has invertido en un proceso, llegas a un resultado. La parte más bella es ver como esos clientes o ciudadanos o personas a veces ajenas disfrutan de la obra que tú has aportado a ese lugar. Es cuando el resultado realmente llega a una consecuencia feliz. Durante ese proceso hay momentos muy bonitos, cuando te enfrentas a un proyecto nuevo y empieza un proceso inicial de investigación del lugar, de la historia. Empieza también la investigación y conocimiento del personaje que va a disfrutar y vivir esa arquitectura. Después está el desarrollo que también es muy bonito, cuando pones todos esos ingredientes a funcionar. No siempre es como lo estoy contando, ya que ese proceso está lleno de obstáculos. Hay que buscarlo, pero no la totalidad de los procesos son así de bonitos.

M: Sí, me imagino que es también cuestión de buscar lo bonito, ¿estarías de acuerdo?

JL: ¡Sí, claro! Yo creo que en todo proceso creativo y más cuando tiene un componente social y humano como es es el caso de la arquitectura, es buscar lo bonito y buscar la belleza. No solamente en términos estéticos —que también—. Buscar lo bonito es buscar lo bonito desde el concepto y desde las consecuencias que estás buscando con tu intervención. No me quiero reducir a la parte estética o plástica del proyecto. Al final, si todo encaja en un proceso de búsqueda de la bondad, de la verdad y de la belleza, el resultado te pueda gustar a nivel estético, pero si es conveniente además dar valores al entorno y al cliente, es entonces cuando es bonito.

M: Uno de tus trabajos teóricos ha sido expuesto en la Facultad de Filosofía y Letras de Granada. ¿Nos puedes contar algo más de esa experiencia y sobre cuál es el vínculo entre la literatura, el cine o la música y la arquitectura?

JL: [Se ríe] Bueno, la verdad es que me sorprende que me hagáis esta pregunta, porque esa intervención que tuve en la Facultad de Filosofía y Letras fue algo que me motivó bastante y que me gustó mucho hacer. Realmente mi carrera es algo muy anecdótico, pero muchas gracias por hacerme esta pregunta. La verdad es que esto viene como fruto de mi inquietud por la literatura y como la llevé a mi campo que era la arquitectura y la ciudad. 

Durante mi estancia en Granada, compartí mi inquietud por la literatura de Julio Cortázar con una profesora de la Facultad de Filosofía y Letras y le conté sobre cómo la novela de Rayuela me había gustado e influido en mi adolescencia y cómo lo veía yo como arquitecto. Ella me motivó para que expusiera mi idea en un ciclo sobre Cortázar, ya que se cumplía un centenario desde su nacimiento en el año 2014. Hice una traslación de la ciudad de París y de la experiencia que tenía el protagonista de Rayuela que se parecía a la mía que tuve cuando me fui a estudiar a Granada con 18 años. El protagonista de la novela sale de Buenos Aires y se va a vivir a París poniendo en relación la ciudad y los espacios de la ciudad con su propia vivencia y con el resto de personajes. Hice literalmente una superposición del plano de París con el plano de Granada y conté de nuevo la historia de Rayuela, o determinados pasajes del libro, como si me ocurriera a mí en la ciudad de Granada. 

Fue un ejercicio un tanto divertido, porque en ese momento estaba con un trabajo de investigación sobre las infraestructuras urbanas que me sirvió para dar un cierto sentido al texto y a la exposición que hice. La verdad es que fue una intervención que despertó mucha reflexión en la conferencia. Llegamos a la conclusión de que cuando estás leyendo una novela y el personaje de esa novela tiene una experiencia con determinados espacios, también los puede hacer tuyos. La visión que tenemos sobre la narración y lo que va ocurriendo en la novela, la podemos llevar a nuestra propia vida y nos puede ayudar a ver los espacios a nuestro alrededor de una manera diferente. 

M: Y ¿pasa a menudo que te inspiras en una película, al oír una pieza de música? ¿te pasa más con la literatura o con todo tipo de productos culturales?

JL: Todo este bagaje cultural que vamos cogiendo a través de nuestras experiencias con la cultura en general, con la literatura, con la música y, sobre todo, con el arte, me ayuda para comprender el mundo y las experiencias personales. Lo utilizo también para completar mis intervenciones creativas que hago a través de la arquitectura. La arquitectura que yo hago no viene de la nada, viene de una mochila que origina en mis propias experiencias personales y mis experiencias con el resto de disciplinas artísticas. La música, por ejemplo, me acompaña a diario casi las 24 horas. Veo mucho arte, voy a muchas exposiciones y continuamente estoy buscando inspiraciones para las obras que estoy haciendo en ese momento. Dejo anotaciones cuando algo me produce emoción, me inquieta o simplemente me gusta. Las tengo allí para aplicarlas en posibles creaciones o guardadas sin más. Cada vez que hago memoria de ellas y vuelvo a leer un libro o ver una película, me producen una cierta satisfacción que me ayuda a llevar la vida hacia adelante.

M: ¡Sí, sí, y a todos nosotros!

JL: Y eso también ayuda para tener una visión del mundo concreta o para reflexionar sobre pensamientos que tenías anteriormente y que ahora pones en duda. Hay que estar en ese estado de alerta de lo que va pasando y el arte te ayuda entender el mundo y a poner en crisis muchos de los prejuicios que tenías. No solamente me ayuda para utilizarlo como inspiración a posibles obras de arquitectura. Me permite también estar con una cierta posición crítica, compartirla con los demás y entrar en debates con personas que también tienen esta inquietud. A lo mejor les puedo aportar nuevos conocimientos, igual que otras personas me los aportan a mí.

M: Sí, y a mí personalmente me parece muy bonito que la arquitectura también sea capaz de encapsular esas inquietudes y ese sentido ¿lo ves así? ¿que encapsula, digamos, eso lo que aprendemos y cómo lo procesamos?

JL: Sí, sí, totalmente. O sea, la arquitectura, como dije al principio, está fabricada por seres humanos y va dirigida también a seres humanos. Esos seres humanos no son inertes, sino que tienen un bagaje cultural que viene de su educación, sus inquietudes y sus experiencias personales. Creo que la arquitectura debe ayudarse un poco de esa mochila que tenemos a nivel personal y al mismo tiempo de los valores que tiene el lugar y la sociedad para la que se interviene.

M: Te han otorgado bastantes premios, José Luis, y por cierto estamos encantados de contar contigo en La Erilla, ¿alguno de ellos significa más que los demás para ti?

JL: Sí, de hecho hay uno. Hay muchos premios a lo largo del año, porque esto se ha convertido casi en un escaparate muy importante y al mismo tiempo tiene un cierto valor de negocio. No es por desmerecer, pero sí, hay un premio que especialmente me llena de satisfacción, puesto que se trata de un jurado que tiene un cierto prestigio. Además, es un premio que ha dado una difusión importante de mi obra. Es el premio que me otorgaron en el año 2016, en la XIII Bienal de Arquitectura Española que concede el Ministerio de Fomento y Vivienda español con el Colegio de Arquitectos nacional. 

M: Como muchos de nuestros oyentes viven en Granada, como yo ahora mismo, ¿nos puedes contar sobre tu tiempo en el Albaicín?

JL: ¿Mi tiempo en el Albaicín? [se ríe] Mi tiempo en el Albaicín fueron unos años que recuerdo con gran alegría. El Albaicín, como tú bien sabes, es un espacio bastante especial que tiene la ciudad de Granada donde el urbanismo se pone en relación con la naturaleza, con la historia y, al mismo tiempo, con la cultura. La arquitectura de su tejido urbano se adaptó a la topografía y a la tecnología árabe del momento, por ejemplo, cómo se iban adaptando a la montaña. Vivir en el siglo XXI en ese tejido urbano que construyeron los árabes en la Edad Media es algo que está siempre presente y algo que te aporta valores muy satisfactorios en tu día a día. Simplemente salir todos los días del Albaicín y hacer rutas diferentes en función no solamente del lugar al que vayas, sino cómo te apetezca en este momento recorrer ese barrio. Es como entrar en un laberinto consciente y lleno de sorpresas casi a diario. El paseo por el Albaicín es entrar en un juego imprevisible y cuando esa experiencia la puedes tener a diario, es bastante divertido. 

Además, me acuerdo mucho de la relación con los vecinos y con la vida del barrio que había cuando yo estaba viviendo  allí, a pesar de que cada día —como sabemos— el Albaicín se está gentrificando y hay menos ciudadanos propios del Albaicín. Y a su vez las vistas a la Alhambra, esa vista cambiante en función de la estación del año, eso también a nivel visual y a nivel estético era algo que te llenaba bastante el día a día.

M: Sí, estoy totalmente de acuerdo. Y, ¿en qué momento de tu trayectoria profesional apareció en el horizonte La Erilla y cómo decidiste que valía la pena aceptar este encargo?

JL: ¿En qué momento apareció? Yo tenía bastante buena relación con la Fundación Zayas y me llamaron para que estudiara el proyecto para una subvención que había de la comunidad europea allá por el año 2011 y desde el primer momento, simplemente sabiendo que era un bien patrimonial que tenía bastante interés a nivel histórico y a nivel arquitectónico, sin duda lo acepté. Era un edificio patrimonial en el que había una necesidad real de actuar para su conservación y para su puesta en valor. Lo acogí sin reparo alguno y era casi la primera vez que actuaba en un bien patrimonial de ese nivel con lo cual también era un reto personal en mi carrera que era interesante de aprovechar. Al mismo tiempo era una gran oportunidad de conocer un determinado momento de la historia del territorio del Valle de Lecrín que me parecía súper interesante.

M: Y hablemos ahora un poco sobre la protagonista de nuestro podcast, ¿Podrías explicar con palabras de un arquitecto qué es la Almazara La Erilla y qué la destaca entre los demás conjuntos molineros antiguos?

JL: La Almazara La Erilla es una infraestructura preindustrial hidráulica que aprovechaba el flujo del agua procedente del deshielo de Sierra Nevada, como tantas otras infraestructuras hidráulicas en torno a la sierra. En este caso es una infraestructura que utiliza el movimiento del agua, que viene de una acequia con una cierta fuerza para producir el movimiento de unas máquinas que producen la molienda de la aceituna. Esto permite que esa molienda se haga de una manera mecánica y que la pasta de aceituna pueda ser prensada. Una almazara no es más que una fábrica de aceite. 

Lo bueno que tiene la Almazara La Erilla es que es un conjunto infraestructural que se ha conservado bastante bien desde su primera construcción que data del siglo XV. Ya los árabes empezaron a construir este edificio y después se fue aprovechando por todo el período cristiano hasta los años 40 del siglo XX. Una visita al conjunto nos permite entender los procedimientos desde que la aceituna de la cosecha llegaba y se colocaba en los depósitos exteriores que son los trojes hasta obtener aceite de oliva. Durante el recorrido se se explica cómo la fruta pasaba a la molienda en un molino de sangre o un molino hidráulico que permitía ejercer fuerza sobre la pieza tan interesante que es el rodezno. La visita acaba en la nave de prensado con sus dos maravillosas vigas donde se obtenía el producto final. 

M: Ya que comentamos esta parte y ya que muchos de nuestros oyentes han visitado La Erilla y la conocen muy bien ¿podemos hablar un poco más en detalle sobre las piezas y sobre la cronología de la rehabilitación, por ejemplo, cuáles son los retos de esta renovación que se está llevando a cabo ahora?

JL: Para ponernos un poco en situación: en Almazara La Erilla, ha habido una serie de intervenciones que datan desde finales del siglo XX. En los años 90 se hace una rehabilitación casi por urgencia a través del Ayuntamiento de Nigüelas. En ella se restaura la cubierta y se limpian los muros en una intervención necesaria, pero en determinados aspectos no muy precisa y no muy conveniente a nivel técnico. No obstante, fue muy loable en el sentido de que ha permitido que hoy día el monumento esté en el estado en el que está. Después de esa rehabilitación, a principios del siglo XXI, se hizo un proyecto de musealización. 

Cuando la Almazara La Erilla vuelve a las manos de la Fundación Zayas en el año 2011, también surge la necesidad de una nueva intervención en la que yo participo en el año 2015. Esta rehabilitación consiste en una restauración de lo que es el conjunto edilicio en la que la premisa fundamental es el respeto y el rescatar los valores arquitectónicos que tiene la almazara. De este modo recuperamos los muros, se arreglan humedades y se recuperan y restauran, aunque ya estaban en bastante buen estado de mantenimiento, ciertas piezas, volviendo a situaciones originales a partir de un estudio exhaustivo de cómo era el edificio originalmente. Al mismo tiempo, se hace una nueva musealización utilizando nuevos métodos y tecnología audiovisuales: se adecúa el espacio para que en él puedan producirse otro tipo de actividades, no solamente de visita y contemplación del edificio. Un monumento debe estar vivo por sí mismo y producir un beneficio a nivel cultural para la ciudad. Entonces también se previó que el edificio principal se pudiera utilizar para otras actividades como conciertos o eventos y como salas de exposiciones. 

La rehabilitación que está ahora mismo en marcha no es más que una continuación de la rehabilitación que se hizo en el año 2015. Hay un momento fundamental que es la recuperación del rodezno. El rodezno es la pieza clave que transformaba la fuerza del agua en una fuerza mecánica y hacía mover el molino hidráulico. Es una pieza que se descubrió cuando excavamos durante la restauración del 2015 y que, debido a las limitaciones presupuestarias que teníamos en esa época, no se pudo exponer en aquella ocasión en unas condiciones de visualización buenas para el visitante. Ahora intentamos no solamente rehabilitar ese rodezno de hierro forjado como pieza en sí, pero también dar de conocer su configuración plástica que tiene bastante belleza e interés. Al mismo tiempo, se va a hacer una serie de adaptaciones, ya que ahora mismo la visita no resulta cómoda, se trata de mejorar la accesibilidad del colectivo de personas con discapacidad y con dificultad de movilidad. También se va a hacer una serie de intervenciones para que la almazara se utilice como lugar donde tengan lugar eventos con un cierto número de personas. Todo ello se va a hacer en base a un compromiso con el edificio y con el respeto a los valores arquitectónicos que tiene desde su origen. 

M: Y hablando de esos sitios, esos lugares como Granada donde esta necesidad de que tanto los residentes como los turistas compartan esos espacios ¿cómo tú ves el futuro y cómo deberíamos cuidar no solamante de La Erilla pero de todo el patrimonio granadino?

JL: Es una necesidad que tiene toda ciudad con su patrimonio. No se trata solamente de los valores estéticos y económicos que puedan generar esos monumentos para la ciudad sino también de cómo esos edificios y ese patrimonio puedan aportar un dinamismo y una vida de por sí. En mi opinión, debe ser algo que sea activo y que se integre dentro del tejido cultural y de las vivencias que tiene esa ciudad. Es decir, si un monumento es un espacio que tiene una cierta singularidad a nivel arquitectónico o a nivel urbanístico, es importante que la ciudad lo aproveche para generar vida, nuevas actividades y para que se utilice como un espacio de su momento y no solamente un espacio contemplativo al que van personas con cierto interés estético en conocer la ciudad, como pueden ser los turistas. En este sentido, la Almazara La Erilla en el momento en el que se integra como un espacio donde se puedan producir otros tipos de uso más que simplemente el turístico, lo cumple. 

Creo que debe de potenciarse y debe de estar más patente para integrarse dentro de un tejido cultural no solamente local, sino también a nivel comarcal o incluso provincial. Eso hace que los edificios y que la arquitectura puedan tener un valor como un elemento que se adapta a los tiempos y que sigue no solamente aportando valores estéticos a una ciudad y a un entorno, sino que también valores humanos y sociales. Una arquitectura que no es usada al final se convierte en un objeto simplemente para contemplar. Y si una arquitectura no es solamente una obra de arte o una escultura, debe ser un espacio para el uso de las personas, del lugar y de la sociedad.

M: Sí, de todo el corazón espero que tu visión se cumpla. Y muchas gracias, José Luis, hoy hemos aprendido algo más sobre La Erilla gracias a ti.

JL: Gracias a vosotros por contar conmigo y por darme la oportunidad de expresarme y de contar un poco de mi experiencia con el proyecto de la almazara y con la arquitectura en general. Ha sido muy interesante la entrevista. La verdad es que ha habido preguntas que me ha gustado mucho responder y otras que me han sorprendido y espero que esta aventura del podcast de La Erilla os vaya muy bien y que suscite mucho interés en los futuros visitantes de La Erilla y de gente con inquietudes. Muchísimas gracias, Marta.

M: Y es todo en el episodio de hoy. Esperamos que les haya gustado y que nos acompañen en el siguiente. Apreciaremos su retroalimentación. Pueden dejarnos una reseña, pueden compartir sus reflexiones en comentarios o mensajes directos en redes sociales, también pueden enviarnos audios que intentaremos incluir en el programa. Pueden contarnos sobre cómo ven el papel de la arquitectura y de la cultura hoy en día, sobre su visita a La Erilla y Nigüelas, sobre sus recuerdos relacionados con cómo se obtenía aceite antaño o simplemente para felicitar a alguien especial por su santo ¡Qué no se pierdan las buenas costumbres que antes había en la radio!

Contamos con que nos ayuden llegar a personas no nativas digitalmente como puede ser el caso de personas mayores de edad y a cerrar la brecha digital en caso de las personas con cierta discapacidad como la visual.

Para más información y asistencia, les pedimos, pónganse en contacto en el número: 661593879

Encontrarán enlaces de interés sobre este episodio en su descripción. Podrán acceder desde allí a la página web de José Luis.

Podrán averiguar más sobre el trabajo que hace nuestro productor Javier si son amantes de la música clásica.

Y también podrán acceder al perfil de la compositora María Parra y escuchar más piezas suyas aparte de Semilla de otoño.

Hoy ha sido su anfitriona Marta, ha sido un gran placer, me despido de Ustedes con un ¡hasta pronto!

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